Tras el fallecimiento de la señora Carmen Teresa Navas este domingo, apenas diez días después de hallar el cuerpo de su hijo en una fosa común, el Cardenal Baltazar Porras emitió un mensaje calificando el caso como un «sinsabor profundo» que refleja la tragedia sistémica de las desapariciones forzadas en Venezuela.
La señora Carmen, de 82 años, murió tras un calvario de más de un año buscando a su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, quien estuvo bajo la figura de desaparición forzada tras ser detenido por las fuerzas de seguridad. La respuesta oficial llegó hace escasos días: Víctor Hugo había muerto bajo custodia y fue sepultado meses atrás en un cementerio de personas no reclamadas.
Para el Cardenal Porras, la historia de la familia Quero Navas no es un hecho aislado, sino una herida abierta en la sociedad venezolana. «La noticia de hoy enmudece. La noticia de hoy es para la reflexión», expresó el prelado a través de sus redes sociales, destacando la crueldad de que la madre recibiera la confirmación del deceso a pocos días del Día de la Madre.
«La realidad que vivió Carmen Teresa Navas es la misma que viven, aún, miles de familias que quieren saber de sus familiares presos, llevados a la fuerza y no obtienen respuesta de los responsables», denunció el Cardenal.
Carmen Navas se convirtió en un símbolo de resistencia al recorrer tribunales, centros de tortura y organismos como la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía y la Asamblea Nacional durante 16 meses. En todo ese tiempo, el sistema judicial le negó cualquier información concreta.
Fue la presión social y las denuncias de organizaciones de derechos humanos las que obligaron al Ministerio del Servicio Penitenciario a admitir que Quero Navas estaba muerto. Su madre logró exhumar el cuerpo y darle «la santa sepultura que merecía» antes de fallecer este 17 de mayo.
El Cardenal Porras concluyó su mensaje con una oración por el descanso eterno de madre e hijo, quienes finalmente «se reúnen en la vida eterna», dejando tras de sí un reclamo de justicia que sigue pendiente para cientos de familias que aún transitan el mismo camino de incertidumbre en las puertas de las cárceles del país.
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