El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, murió y su cuerpo habría sido localizado tras un ataque directo contra su residencia en el corazón de Teherán, durante la operación militar de gran envergadura ejecutada este sábado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, compareció ante los medios para informar que el «ataque sorpresa» logró destruir el complejo de Jamenei, eliminando además a importantes figuras de la Guardia Revolucionaria y responsables del programa nuclear iraní.
Durante su declaración, Netanyahu afirmó que existen señales contundentes de que el líder ha «dejado de existir», señalando que los planes del régimen para destruir a Israel han quedado neutralizados con esta ofensiva.
Minutos después, altos oficiales israelíes informaron a la agencia de noticias Reuters que Jamenei había muerto y su cuerpo ya había sido encontrado.
Alí Jamenei, de 86 años, se consolidó como la figura más poderosa de Irán tras suceder al ayatolá Jomeini en 1989. Durante sus más de 36 años en el cargo de Líder Supremo, ejerció una autoridad absoluta sobre las instituciones políticas, militares y religiosas del país, convirtiéndose en el arquitecto de una política exterior marcada por la confrontación directa con Occidente y el apoyo a milicias regionales en el Líbano, Gaza y Yemen.
Su mandato interno estuvo definido por una interpretación rigurosa de la teocracia islámica y la supresión sistemática de cualquier forma de disidencia. Jamenei comandó periodos de intensa represión, incluyendo el aplastamiento de las protestas del Movimiento Verde en 2009 y las manifestaciones masivas de 2022, reafirmando siempre su control mediante la terrorífica Guardia Revolucionaria, considerada por Estados Unidos y la Unión Europea como una organización terrorista.
Su gestión deja un legado de aislamiento internacional, sanciones económicas profundas y una nación sumida en una de las crisis políticas más graves de su historia moderna.













