A casi cuatro meses del doble sismo que sacudió a Venezuela el 24 de junio, familiares de las víctimas continúan buscando a sus seres queridos entre los escombros y en hospitales, morgues y cementerios, ante la falta de información del régimen detallada sobre las personas desaparecidas.
Uno de esos casos es el de Jhoniel José Morales, un niño de 11 años que desapareció tras el derrumbe de la estructura residencial OPP 26. Su madre, Eilyn Solano, permanece desde hace más de 100 días en una carpa instalada cerca de los restos del edificio, con la esperanza de encontrarlo.
La mujer no se ha retirado del lugar desde la tragedia. Además de seguir de cerca las labores de remoción de escombros, lleva un registro de los cuerpos recuperados y verifica la identidad de las víctimas, convencida de que todavía puede obtener respuestas sobre el paradero de su hijo.
El último balance del chavismo de víctimas fatales se difundió el 24 de agosto, cuando se cumplieron dos meses del terremoto. Para entonces, las autoridades contabilizaban 6.509 fallecidos. Según CNN, el régimen no respondió a la consulta sobre el número oficial de desaparecidos, mientras los vecinos de las zonas afectadas denunciaron la falta de información detallada y comenzaron a llevar sus propios registros.
El portal web desaparecidosterremotovenezuela contabiliza la cifra de 29.486 personas desaparecidas.
Una búsqueda marcada por la incertidumbre
Eilyn y sus familiares han participado activamente en las labores de búsqueda. Según relataron, se adentraron en túneles e inspeccionaron grietas de la estructura para localizar a las víctimas. La familia asegura que logró recuperar los restos de más de 17 personas.
En el derrumbe también murió Mariangel, de 12 años, otra de las hijas de Eilyn. Su cuerpo fue encontrado en el tercer piso, cerca de la salida del apartamento de su abuela, quien sobrevivió al colapso. La hija mayor de la mujer, María Yailén, de 15 años, logró salir con vida de la tragedia.
La familia conserva como referencia un video de una cámara de seguridad en el que, según sus registros, Jhoniel aparece bajando las escaleras a las 3:59 p. m. del 24 de junio, pocas horas antes del terremoto.
El 26 de septiembre, mientras las máquinas removían escombros en el área de la cancha deportiva donde creían que podía encontrarse el niño, sus familiares siguieron cada movimiento con la esperanza de obtener un resultado. Sin embargo, la jornada terminó sin hallazgos.
«Ni por el lado de la cancha, ni por la entrada, ni mucho menos por los pasillos», relató Chiquinquirá Solano, tía del menor.
Durante esa búsqueda, los familiares localizaron la sala de control de las cámaras de seguridad y un disco con un segundo video en el que, aseguran, se observa al niño salir del edificio pocos minutos antes del sismo. Ese registro los llevó a ampliar el rastreo fuera de la estructura.
«Dentro de todas las posibilidades hay un rayito de esperanza, y por eso seguimos en la búsqueda hasta el final, hasta obtener algún tipo de respuesta sobre el paradero del niño», afirmó Chiquinquirá.
Una red de búsqueda entre La Guaira y Caracas
Desde el día de la tragedia, los Solano recorrieron hospitales, refugios y la morgue en busca de información. Eilyn también viajó a Caracas para formalizar la denuncia por la desaparición de su hijo ante el Ministerio Público.
Tras conocer el contenido del segundo video, la familia inició una nueva etapa de búsqueda en calles, centros de acopio y cementerios, incluido el camposanto La Esperanza, en Catia la Mar, donde hay un área destinada a personas sepultadas sin identificar.
Los familiares, que sobrevivieron al deslave de Vargas de 1999, organizaron una red de búsqueda con el apoyo de amigos, allegados y voluntarios motorizados. El grupo recorre centros asistenciales, morgues y refugios entre La Guaira y Caracas para reunir cualquier información que permita localizar al niño.
Mientras las labores continúan, la familia pide a las autoridades y a la ciudadanía que mantengan la difusión de la imagen de Jhoniel y que aporten cualquier dato que pueda ayudar a esclarecer su paradero.
A casi cuatro meses del terremoto, la búsqueda sigue abierta y sus familiares se niegan a abandonar la esperanza de encontrar respuestas.














