Un informe de Transparencia Venezuela revela que Estados Unidos se convirtió en enero de 2026 en el principal comprador de crudo venezolano, desplazando a China por primera vez en años. Las exportaciones promediaron cerca de 800.000 barriles por día, de los cuales 286.000 bpd fueron adquiridos por EE.UU., mientras que los envíos a China cayeron a 156.000 bpd.
El documento, Pdvsa y el nuevo orden petrolero de Venezuela en 2026, señala que este cambio ocurre tras el colapso logístico de diciembre y la intervención directa de Washington en la política energética venezolana luego de la captura del dictador Nicolás Maduro y su pareja, Cilia Flores.
El informe destaca que la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026 marcó un punto de quiebre. A partir de ese momento, Washington asumió un rol central en la reorganización del sector petrolero, imponiendo controles estrictos sobre la comercialización y los ingresos.
Estados Unidos también asumió la custodia de la renta petrolera, mediante una orden ejecutiva que protege los ingresos frente a acreedores y limita la capacidad del régimen interino de Delcy Rodríguez para disponer de ellos. Según Transparencia Venezuela, esto implica que la renta petrolera quedó bajo un esquema de tutela financiera externa.
China y Rusia pierden influencia
El informe detalla que China, históricamente el principal destino del crudo venezolano, comenzó a retirarse selectivamente del mercado tras el control estadounidense sobre la comercialización del petróleo.
PetroChina instruyó a sus traders a no comprar crudo venezolano bajo supervisión de Washington, mientras que varias empresas chinas con Contratos de Participación Productiva —como China Concord Resources, Accumes Holding, Anhui Guangda Mining Investing Co. y Conbest Group C.A.— quedaron afectadas porque ya no pueden comercializar libremente su producción como forma de pago por sus operaciones. A mediados de enero, los puertos venezolanos llegaron incluso a pasar hasta cinco días consecutivos sin cargar crudo hacia Asia.
Rusia también perdió terreno. En 2025 había monopolizado el suministro de diluyentes para la mezcla de crudos pesados, pero en enero de 2026 fue desplazada completamente por Estados Unidos como principal proveedor. Además, la actividad de las empresas mixtas rusas se volvió incierta: Cyprus Limited, filial de Roszarubezhneft, notificó a sus empleados el cierre de operaciones en Venezuela a finales de 2025, aunque posteriormente la compañía aseguró que continuaría trabajando junto a sus socios venezolanos.
El informe subraya que la reconfiguración comercial y operativa deja a China y Rusia en una posición debilitada frente al nuevo esquema petrolero controlado por Washington.
Exportaciones bajo control estadounidense
Transparencia Venezuela detalla que Vitol y Trafigura emergieron como actores clave del nuevo esquema petrolero. Ambas compañías recibieron autorización de Washington para comprar y revender crudo venezolano con descuentos significativos respecto al Brent.
Este modelo funciona como una solución temporal mientras se redefine la participación de petroleras estadounidenses y europeas. Según el informe, garantiza una salida estable para el crudo venezolano, pero mantiene la dependencia de intermediarios privados en un contexto de supervisión internacional.
El documento confirma que Estados Unidos refinó y comercializó parte del crudo venezolano bajo un acuerdo que permite procesar hasta 50 millones de barriles. Los ingresos generados —unos 500 millones de dólares— fueron administrados por traders autorizados.
De ese monto, 300 millones fueron transferidos a Venezuela el 19 de enero, mientras que 200 millones permanecieron temporalmente en Qatar para evitar embargos. Transparencia Venezuela señala que todos los recursos están sujetos a auditorías previas aprobadas por Washington.
El informe concluye que Venezuela atraviesa una transformación profunda: la política petrolera, la comercialización del crudo y el flujo de ingresos están ahora alineados con los intereses estratégicos de Estados Unidos. Pdvsa opera con una deuda oficial de 34.580 millones de dólares y bajo un esquema de control financiero que limita la autonomía del gobierno interino.
El desplazamiento de China como principal comprador y la reconfiguración de alianzas energéticas marcan el inicio de un nuevo orden petrolero cuyo alcance dependerá de la estabilidad política y de la capacidad de implementar reformas estructurales.














