El cerco marítimo y las operaciones de intercepción lideradas por Estados Unidos comienzan a transformar el movimiento de la llamada flota oscura o fantasma en aguas venezolanas. Un nuevo informe de Transparencia Venezuela revela que enero de 2026 registró una caída significativa en el número de buques que operan con señales apagadas o en condición irregular, tras nueve intercepciones y la operación militar estadounidense desplegada en el país.
Según el monitoreo, en enero se observaron 114 buques, cifra similar a diciembre (112), pero con cambios sustanciales: 99 embarcaciones navegaron con su señal AIS encendida, el número más alto desde que inició el seguimiento, y 18 más que en diciembre. Solo 15 buques operaron en modo oscuro, la mitad de los 31 detectados en diciembre, y el número más bajo registrado hasta ahora.
Del total de embarcaciones identificadas, 82 tenían bandera internacional y 17 bandera venezolana. En conjunto, los buques irregulares —incluyendo sancionados y furtivos— sumaron 38, lo que representa 33% de los tanqueros observados, una reducción respecto al 47% registrado en diciembre.

Un efecto directo del cerco marítimo
Transparencia Venezuela explica que el descenso responde a la presión ejercida por Estados Unidos desde noviembre, cuando varias embarcaciones fueron interceptadas o forzadas a regresar a puertos venezolanos. El caso del Seahorse, que logró entrar y salir del país el 23 de noviembre pese a un intento de intercepción, habría incentivado la llegada de más buques en modo oscuro a finales de ese mes. Sin embargo, la ofensiva estadounidense frenó ese flujo.
Los 15 buques oscuros detectados en enero serían parte de los 31 que quedaron atrapados en aguas venezolanas desde diciembre, junto a 18 sancionados presentes desde noviembre. A ellos se sumaron cuatro irregulares que arribaron en enero: Nabiin, Volans, PVT Azura y Olina. Este último fue interceptado y obligado a regresar el 9 de enero en una operación conjunta entre Washington y Caracas.
El monitoreo también confirmó que varios tanqueros fantasmas desviaron su ruta en diciembre para evitar ser confiscados, entre ellos el Boltaris, con bandera de Benín y cargamento de nafta rusa.
Otro cambio relevante es que 33 buques permanecieron menos de seis días en Venezuela, casi el doble de los 17 registrados en diciembre. Además, las operaciones de trasiego (STS) se redujeron a dos, frente a cinco en diciembre y trece en noviembre. Ambas ocurrieron en Caquetíos, cerca del puerto de Amuay, zona históricamente utilizada para operaciones irregulares.
Impacto comercial
El informe detalla que la “cuarentena marítima” impuesta por EE.UU. provocó en diciembre un colapso logístico: los tanques de almacenamiento de PDVSA llegaron a su límite, obligando al cierre de pozos. Las exportaciones cayeron entre 350.000 y 450.000 barriles diarios, según Vortexa y Reuters.
Pero tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, y la intervención directa de Washington en la política energética venezolana, enero marcó un giro radical: las exportaciones subieron a cerca de 800.000 barriles diarios.
China, principal destino del crudo opaco hasta noviembre, es el país más afectado por el cerco, especialmente para las empresas que operaban bajo Contratos de Participación Productiva (CPP) firmados de forma clandestina.
El informe también cuestiona el manejo de los recursos recibidos por el régimen interino. Estados Unidos anunció que desde enero se han transferido USD 500 millones, pero no existe información pública sobre su uso.
El informe concluye que la presión estadounidense ha modificado de forma acelerada el comportamiento de la flota petrolera en Venezuela, reduciendo la opacidad y obligando a los actores irregulares a replegarse o cambiar de estrategia. Sin embargo, advierte que la sostenibilidad de estos cambios dependerá de la transparencia en el manejo de los recursos y de la capacidad del gobierno interino para corregir distorsiones estructurales.














